5.31.2011
4.11.2011
El Cristo negro de Otatitlán
Sobre sus rodillas el cuerpo de Bernardina parece sucumbir. Arrastra ataviada de ropas campesinas su fe en el Señor de Otatitlàn. Viene a pedir un milagro ante lo que ella llama la imagen santísima. En la entrada principal se erige la efigie de un Cristo cementado, y detrás de la imagen las puertas permanecen adornadas por papeles purpuras.
Bernardina recorre con las rodillas roídas los metros del atrio hasta la puerta que a lo lejos luce oscura y poco a poco, en el fondo como artilugios de luz, muchas veladoras van iluminando la imagen lastimosa del Cristo negro crucificado, que tiene a sus pies centenares de flores. Mendigos, niños con el torso desnudo cargados por padres fervorosos, abuelos con sombreros de palma, ancianas con rosarios y ungüentos olorosos de vainilla, albahaca, sábila, son contemplados por el Cristo coronado en oro de ojos cerrados y ungüentos rojos de pintura sobre el cuerpo delgado y profundamente negro y brillante.
A caballo con niños colgados de costuras salientes de las bestias, sudados con bolsas de ropa y comida y recipientes de agua, sudorosos en peregrinación arriban desde los Tuxtlas los fieles a El Santuario, pero no vienen sólo del sureste, o únicamente de Veracruz o Oaxaca, vienen de Puebla, de Tlaxcala, del Estado de México, de Chiapas y vienen de las serranías, por que el Santuario es un lugar enclavado en la cuenca, en la periferia de dos estados, donde adoran también al Cristo milagroso los indígenas chinantecos y mazatecos.
En la entrada de la iglesia se arremolinan los vendedores de pepescas sacadas del rio Papaloapan. Bernardina viene de temascal donde un curandero le leyó en el maíz un mal hecho por espíritus a su esposo. Bernardina cree en dios, y el curandero que habla con los espíritus de los cerros fue muy claro. Necesita mucho más que unas hierbas protectoras, necesita unas velas de cera para El Señor de El Santuario.
Los peregrinos se levantan muy temprano mientras todavía humean en las inmediaciones de Otatitlàn sus fogatas, en hilera puestos como flores humanas sobre la tierra, se levantan los fuereños y arreglan sus camastros, que no son otra cosa que frazadas contra el chaquiste de la noche. Sus telares tienen impregnada la imagen del Cristo Negro. Caído el medio día se unirán a otros fieles que con mantas pintadas, con el nombre bordado de Cristo, cantaran por las calles del centro de Otatitlàn alabanzas al crucificado de mayo, al crucificado del rio, delegaciones de Loma Bonita y Tlacojalpan.
Bernardina, se presenta frente a la cabeza decapitada del Cristo negro, y las ceras con las que ora le queman las manos, se le derriten, y cierras los ojos y besa la cabeza de la imagen de madera quemada , encerrada en un ánfora con vidrios y plata, frente a ella decenas de hincados la siguen y cantan “ Si por tu sangre preciosa señor, nos haz redimido”, a los lados cuelgan telas, cartas, hojas de los milagros cumplidos. Bernardina pide perdón en mazateco su lengua materna y llegan frente al Cristo negro el puño de hincados, los niños lloran entonces y Bernardina se pierde en el Sahumerio.
4.06.2011
3.31.2011
Pongamos sobre el fuego
3.30.2011
De Kapuscinski
(Sobre Ruanda) Mandaban a periodistas a lugares que ni siquiera sabían dónde estaban. Era, con todo, una guerra "muy racional", era por la tierra, una guerra de agricultores versus ganaderos en un pequeño país. Era un conflicto de la economía real, por la supervivencia. Y llegaron los corresponsales de todo el mundo para decir de los habitantes: ‘esos negros locos irracionales, que son tontos, que son idiotas’. Todo para mostrar que África es tierra de tontos, tierra de idiotas. No sabían dónde estaban. Y lo primero que hacían era usar sus teléfonos celulares.
2.20.2011
Alicia tupsi pop
Alicia le confesó un secreto terrible, el conejo quiso antes de correr y pudrirse, que las palabras de la niña, de existir un dios no se las tomara en cuenta, Alicia dijo entonces haz de mi vida un recuerdo tuyo y el conejo salto hacia la hierba, él sabia dejaba el cuento maravilloso de donde había salido envuelto en los espejos que todo lo deforman, Alicia lamia su paleta vestida de lolita, ella en dos días no recordaría nada, era una niña eterna, el conejo llevaba al tiempo, las buenas muertes en sus entrañas.
2.19.2011
el pánico, de amor y nada
Ella no ha entendido nada de los que le has dicho. No entendió cuando le decías que no estás con nadie, que sigues siendo un hueco cayendo, de no estar. Que te cortaste la mano despellejando una iguana porque pensabas en ella como en una niña a la que le ocurrió una desgracia, pero no quiere que sepan que sufre y para no hacer los cambios, se los pone imposibles. Ella no ha entendido eso, hace conjeturas sobre tus palabras. La sostiene una tristeza inmensa, profunda, herida también, de ti, mujer y hombre de nadie, ella cree que puede ser una más en tu vida al final de los tiempos, no te lo dice. Guardó en secreto la necesidad de que le digas es la única, le tiendas la cama, y te parezcas en algo al que ella esperaba. Te empeñas en decirte que los otros no pueden salvarte de nada, sabes tus palabras carecen de la novedad para calarle los huesos, ella efectivamente es como una niña a la que cuando miras se siente descubierta, ella no sabe que tu rutina cuando no está, es un soplido violento de agua, que escribes llamándola desde lo alto para ver si así puede dispersarse el pánico, de amor y nada
