10.08.2010

Al entrar a Emiliano Zapata, nos reciben dos niñas con el agua a las rodillas. Obdulia no quiere salir de su casa. Sobre lajas de cemento ha puesto sus pocas cosas. Es septiembre, el mes de las lluvias màs intensas de la historia, acaba de decir el Presidente Calderón en las noticias y Obdulia tiene sobre una mesa de cedro vieja, un criadero de abejas. El agua le llega a los tobillos. Su hijo Julián que está en Chicago le ha enviado unos dólares más, pero el agua no ha bajado en varios días. “Protección civil apenas se ha venido a parar, sólo nos trajeron un poco de agua”. De eso ya ha pasado una contingencia, se fue Karl, se fue Frank y ahora Mathews la dejó sin nada. Antes esta rivera era llena de polvo y perros flacos. Ahora los perros se ahogaron y Obdulia que se resiste a irse a un albergue a Jacatepec, duerme sobre la mesa y va a la Cabecera de mañanita. No hay donde ir. También murieron las abejas.

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