Estos son los tiempos de la generación de hombres maltratados por mujeres, de hombrecitos-niños fuertes a los que vistieron de marinero la tarde más lluviosa, tipos duros encerrados en cuerpos fuertes capaces de romper los huesos de mascotas , tipos valientes buscando en su madre el único rastro decente de un mundo apagado poco a poco, generación de hombres convertidos en amorosos y tristes agarrados al polvo y al licor cantando “ Yo no quiero París con aguacero, ni te quiero sin ti “ , hombres incapaces de salir de su propia trampa, que consiste en olvidarse de la sangre pero de la herida nunca más. Hombres imposibles enamorándose, que se inyectan, se cosen, se abren, aparentando que la vida no pasa por encima como si eso fuera posible de algún modo. Son los tiempos de una generación de hombres involucrados en el cepo que aman a mujeres de ojos grandes con cascabeles colgando de sus pechos y decididas en algún momento a arruinarles la vida porque su parte más débil les encuentre significado al corazón.
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