Me gustan los bares que son una caverna, que están a las afueras del puerto y las ciudades, junto a vías de trenes antiguos, pegados a montañas y a moteles que todos olvidaron por leyendas de asesinos seriales, cavernas que terminan por mostrar cuerpos con el hilarante escalofrió que todas las hambres juntas, lugares donde el dinero tiene el olor precioso y sutil de la vida frente al cuerpo y el sexo y los dientes lustrosos y las mujeres que se la rifan saben si eres un pobre diablo al olfatearte, donde el rostro de la mujer es amargo, rencoroso, esperanzador y no necesitan de ningún tipo, porque les estorba y les molesta, les da un calor que sólo sirve para brillantes caros y son suficiente unos tacones altos, un escote donde quepa el paladar de un loco y donde pones las manos sabes con el tacto no hay otra cosa que sudor, perfume barato, saliva, axila, la piel suave que ha sabido de la lumbre, la sangre seca de quien no supo medirse en los tragos. Cavernas donde la gente no asiste para ser vista y nadie parece ser los mismos con su bebida azul y las mismas canciones de toda la vida, y los ligues, y la ropa cara y los músicos complaciendo a la muchedumbre . . .
Me hiciste pensar en los negocios entre hombres... Que cierran tratos en los bares...
ResponderBorrarVaya, escribes mejor de lo que recuerdo. Deben ser los años.
ResponderBorrarAh... hacía tanto que no pasaba, que ya había empezado a extrañar...
ResponderBorrarCariños.
por que lady blue, si se puede saber...
ResponderBorrarah.. el caribe...