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Estoy que me despido, escribiendo de mis padres, de dios, de la muerte y de ti, que son mis grandes temas. Estoy escribiendo como un perro que largamente muere de aullido y de rabia, diciendo las cosas como para que nadie las crea jamás. Confió en una ida más profunda, partir de un ritual, de un soplo, de mirarle los ojos cerrados a una hija, de esperar que tu digas cuantos hombres te vieron desnuda, si te salvará el tiempo de la enfermedad y el miedo, si podrá alguien entender que te gusta el jazz porque se parece al vuelo de un ave cayéndose y a las manos levantadas por un ciego.
Estoy librándome del sopor de la noche, del mar, de las termitas, de la luz del día que me quita la vida, estoy queriendo que no sepas que deseo que el hombre que venga te cuide, te ame como a una virgen que ha expulsado el rigor de los demonios de su puerta, que te de a dios en las cantidades que yo no entiendo.
Estoy en el ultimo día de este cuerpo por tus sueños, no puedo decirle a la vida que haya tiempo, explicarte las cartas, los poemas, los bolsillos con las flores secas, porque no tienen reposo los fantasmas, el misterio que me ha hecho intocable y aéreo, porque creo que el tiempo es una maquina encendida desde el principio, peligrosa, dura y quirúrgica; una casa con un zaguán enorme donde espera un hombre con una maleta llena de cenizas de amores echados al fuego.
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