Camino abajo está doña Gertrudis, ejidataria desde hace mas de 20 años. Perdió sus gallinas. Una vaca que era para los 15 años de su nieta que vive en Valle Nacional y tenía meses de estarla preparando. Ella sólo regresa a checar su casa junto con su hijo, las flores que resistieron cuando se metió el río porque las cortaba para el altar de una Guadalupana que no sobrevivió a la corriente. En la entrada de su puerta una tela blanca anuncia su casa de madera con techos de lámina. Ella es una señora bajita y de lentes. No quiere fotografías. Señala su casa y a lo lejos se ve una hamaca tirada, señala su criadero de gallinas. Ella está enferma de diabetes y cree que el seguro popular ayudará con su vivienda. Su esposo vino horas antes a cuidar un solar que sigue inundado. Metro y medio de agua en la inundación de Zapata no han marchitado las flores que doña Gertrudis sembró, dice el señor y mira a su esposa. “Es señal de buena suerte dice ella”- Sin embargo protección civil anuncia nuevamente las lluvias.-
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